Si damos un breve paseo por la página web del Parlamento de Cataluña, y nos detenemos a observar las Leyes aprobadas recientemente, los Proyectos y Proposiones de Ley y las Mociones presentadas por los grupos parlamentarios, hay que concluir que sólo el laicismo militante está representado en la política catalana, o casi. Al menos ese es el único pensamiento y la única concepción del hombre que actúa con eficacia y con convicción.
Conviene decir con toda claridad, y con toda rotundidad, que quienes creemos en la dignidad del hombre, quienes creemos que el ser humano es algo más que pura materia perecedera, quienes creemos en la libertad del indivíduo, en la de cada indivíduo en particular, quienes creemos que cada persona, por el hecho de serlo, posee unos derechos fundamentales que son anteriores al estado y a cualquier organismo creado por el propio hombre, y que éstos deben respetar y favorecer su ejercicio, no estamos representados en las instituciones.
¿Quiénes alzan la voz en Cataluña para defender la libertad de los padres de escoger la educación que deseen para sus hijos? ¿Quién alza la voz para defender la libertad religiosa de los ciudadanos de Cataluña? ¿Quién alza la voz en nuestra Comunidad para defender la dignidad de la mujer, de los menores y de las familias? ¿Quién alza la voz en Cataluña para defender el matrimonio entre un hombre y una mujer como ideal más humano y más beneficioso para los indivíduos y para la sociedad?
No desde luego los políticos, no desde luego los partidos; ciertamente algunos manifiestan tímidamente algo parecido a cierta convicción vergonzante que podría indicar un atisbo de creencia en la libertad, el derecho y la dignidad de la persona. Pero la actitud general de nuestra clase política, especialmente de aquellos de los que debería esperarse otro comportamiento, es la pasividad y el silencio.
Frente a esta situación, las asociaciones y los ciudadanos que se ven amenzados por la ofensiva laicista, tienen su mirada fija sólo en quienes desarrollan aquellas iniciativas, en aquellos de quienes proviene directamente la amenaza de la libertad. En mi opinión es un error. Los partidarios del laicismo, en definitiva, luchan por aquello en lo creen; luchan por conseguir lo que piensan es mejor para la sociedad en la que viven. También lo hacían los nacis que dieron lugar al genocidio del pueblo judio, también los comunistas soviéticos que crearon los gulags y los campos de exterminio del sudeste asiático.
Pero ¿qué sucede con aquellos políticos a quienes hemos entregado nuestro voto en las últimas elecciones, particularmente en las municipales y autonómicas?. ¿Son gentes sin convicciones, o no tienen el valor de defenderlas, o les falta la capacidad intelectual para hacerlo? Es a ellos a quienes debemos pedir cuentas de su actuación. A ellos debemos preguntar, por ejemplo, por qué votaron unánimente en el Parlamento catalán a favor de la ley “del derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista”. Por qué no defienden el derecho de los padres a escoger la educación que desean para sus hijos frente a los Decretos que introducen la educación para la ciudadanía o frente al Anteproyecto de Ley de Educación Catalana.
Si no tienen las convicciones, el valor o la inteligencia, necesarios para defender la libertad, los derechos y la dignidad de las personas, de los ciudadandos de Cataluña, en unos momentos tan críticos como los que atraviesa nuestra sociedad, entonces no sé por qué les votamos, ni por qué se lo toleramos, ni qué hacen ocupando los puestos que ocupan, ni por qué los ocupan.
Sería muy deseable que la sociedad civil que les ha confiado con su voto la tarea de promover y defender estos valores, les exija ahora que cumplan con el mandato que han recibido, que les pida cuentas de sus silencios, de sus ambiguedades y de sus apoyos vergonzantes al laicismo. Ese ha de ser el objetivo prioritario y principal de la actuación de las entidades particulares, y no reprochar a quienes son como son que sean lo que son.
Jorge Carreras
Vicepresidente de Juristas Cristianos de Cataluña